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Fuente: Avalian / Por Claudia Paviotti

La infección por coronavirus SARS-CoV-2 tiene una afectación muy variable: desde personas contagiadas asintomáticas; otros con síntomas más graves e incluso algunos con permanencia de semanas en terapia intensiva.

Por lo general, las personas con poca sintomatología se recuperan de manera espontánea y no suelen presentar consecuencias funcionales. Un reciente artículo publicado en el British Medical Journal hizo una síntesis de las manifestaciones de este extraño síndrome post-COVID, que afecta a alrededor del 10% de los infectados.

Muchos pacientes tienen diversos síntomas, entre ellos, palpitaciones, dolor de pecho, falta de aire, mareos, alteraciones neurocognitivas, dificultades en el sueño, hipertensión o fatiga extrema, aun tres meses después de haber sido dados de alta de un centro hospitalario. Además, algunos de los que tuvieron síntomas leves padecen síntomas debilitantes y cambiantes, que algunos especialistas atribuyen al efecto inflamatorio del SARS-COV-2 y otros, a las consecuencias habituales de una virosis.

Por lo tanto, volver a hacer ejercicio luego de una enfermedad como el COVID-19 requiere planificación y paciencia. Es más, las personas que tuvieron esta enfermedad, en particular cuando tienen condiciones preexistentes y padecieron una infección grave o moderada o continúan con síntomas, deben visitar a un médico antes de volver a realizar actividad deportiva, para evaluar su salud pulmonar y cardiovascular. El retorno al ejercicio está indicado sólo después de al menos siete días sin síntomas, comenzando con esfuerzos mínimos y progresivos.

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El ejercicio físico es beneficioso para la salud y se recomiendan 150 minutos de actividad física de intensidad moderada ó 75 minutos de intensidad vigorosa semanales, además de actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días a la semana (incluye jardinería, cargar bolsas pesadas de compras o caminar). Las personas que están físicamente activas tienen un 33 por ciento menos de riesgo de mortalidad que las personas que están físicamente inactivas.

Un enfoque prudente es comenzar en forma gradual, individualizada y basado en la tolerancia subjetiva para retomar así, la actividad deportiva en forma segura. Los expertos sugieren adoptar un enfoque de retorno al ejercicio en fases. Las actividades de intensidad leve como los ejercicios de estiramiento, yoga, Tai Chi y caminar son buenas opciones para las primeras dos semanas. Luego se agregarán actividades aeróbicas más intensas (trote, correr, andar en bicicleta y otras). En las fases tres y cuatro se puede introducir el entrenamiento de resistencia y los ejercicios aeróbicos que se enfoquen en el equilibrio, coordinación y fuerza. Avanzar a los ejercicios más intensos debe ocurrir gradual y lentamente con la meta de volver a las actividades pre-coronavirus en un período de semanas y hasta de meses.

Estas son algunas de las recomendaciones

  1. Escuchá las señales de tu cuerpo. Si experimentás síntomas tales como dolor en el pecho o palpitaciones, dejá de hacer actividad de inmediato y consultá con tu médico.
  2. Prestá atención mientras hacés ejercicios para no correr el riesgo de lesionarte.
  3. Mantener una rutina de ejercicios y usar dispositivos para medir frecuencia cardíaca (FC) también puede ayudarte a seguir tu progreso y tus niveles de intensidad.

La actividad física es una inversión en salud. Los beneficios inmediatos del ejercicio incluyen una mejor calidad de sueño, menos ansiedad, un mejor estado de ánimo y una disminución de la presión sanguínea. A largo plazo, reduce el riesgo de tener enfermedades cardíacas, diabetes, cáncer y otras enfermedades, mejora la salud de los huesos, reduce el aumento de peso y mejora la función inmunológica.

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